Historia

Quienes tuvimos madres, tías y abuelos que amaban la cocinar, echamos de menos el olor familiar de manos enharinadas, perfumadas a café recién molido, a nuez moscada y azafrán, a la presencia de un guisado a fuego lento. Una postal de familia que se extinguió. Pero quedan algunos escasos y dispersos refugios. Donde menos uno esperaría encontrar esta cocina hecha en casa, modesta pero sincera y apetitosa, seria en el casino de un club. Y allí justo esta, magnifica, en el restorante Ceno Lire, del socio de Stadio Italiano de Apoquindo.

Sin importar que la gente vaya a gozar de la piscina y el frescor y que los afiliados busquen precios mas prudentes que en un restaurante, este casino tiene una singular oferta. Aquí los hermanos Guadagno, Geppino y Franco, ofrecen la buena comida rustica, como la de antes, Nacidos en Chile, volvieron a las tierras paternas de Salemo, Campania, sur de Italia, y juntaron recetas casi perdidas. De esas comidas que gustan siempre a todos, que se perfeccionaron entre crisis y guerras en manos de campesinos esforzados e ingeniosos que encontraban el punto exacto de esplendor de los productos mas rústicos. Empezando por el maravilloso pan campesino, con infinidad de variantes y agregados, que uno devora. Y, diez puntos, unos antispasti tan sencillos como sabrosos: jamón crudo (prosciutto), Lomo y solomillo, chalotas agridulces, zuchini y berenjenas asadas, peperonata. Todo esto en una tabla para dos.

Sabores simples, básicos, magistrales. Anchas cintas de pappardelle, panzerotti negros, mas angostos, en tinta de calamar, una minestra napolitana, sopa rica incluso en verano, con una lonja de “salsiccia” ahumada inverosímil, angnoloti en salsa de locos, roquefort y bisque de langosta. La pura sencillez. Que culmina con los famosos cannoli siciliano (acá en versión napolitana) sencillos e imperdibles. Y un memorable dolce di mela (dulce de manzana) con miel, sin abusar del azúcar. Y un gran dato; no es necesario ser socio para visitar el Cento Lire, casino de Stadio Italiano